“Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres -Jane, Margaret-. El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, por la voz de la señora Darling (el barco pirata naufraga, Campanilla cae al suelo sin un grito, los Niños Extraviados vuelven el rostro a sus esposas o toman sus carteras de piel bajo el brazo, Billy el Tatuado saluda cortésmente, el señor Darling invita a todos ellos a tomar el té a las cinco). Las pieles de animales, el polvo mágico que necesitaba de la complicidad de un pensamiento, es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe, pero sí Wendy, Jane, Margaret y los Niños Extraviados. No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling, todo estaba previsto, todos ellos acudirán puntualmente a las cinco, nadie faltará a la mesa. Campanilla necesita a Wendy, las Sirenas a Jane, los Piratas a Margaret. Peter Pan no existe. «Peter Pan, ¿no lo sabías? Mi nombre es Wendy Darling». El río dejó hace tiempo la verde llanura, pero sigue su curso. Conocer el Sur, las Islas, nos ayudará, nos servirá de algo al fin y al cabo, durante el resto de la semana. Wendy, Wendy Darling. Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling”.
‘Unas palabras para Peter Pan’, Leopoldo María Panero.
“Soy la chica Soy la chica Soy la chica rota Soy la chica del daño hecho Vaya Vengan y besen donde puedan, donde les quepa Demonios, menudo daño! Duele, rayos, duele No tengo nada Nadie puede enamorarse de mi barbillita suave? Cómo duele Cómo duelen los golpes sordos Me levanto por la mañana y me mata el olor a fruta pasada Ducha estropeada y agua fría en la vagina El desayuno, un deprimente kiwi con sabor a colonia No sé No sé cómo voy a arreglarlo Convertirme en pugilista de muros Luchar Luchar porqué Por nada O dejarlo, ya Al fin y al cabo, una chica rota Una rota chica, en fin …”
‘Rota chica’, Maite Dono.
“Con mi tutú rosa y lo niña que soy
Te abro mi corazón jesús
Y te lo doy
Tómalo tuyo es que de mi madre no
Ella no sabe que te pertenezco
Ella me hace bailar con zapatillas rojas
Una y otra vez
Y me castiga delante de tus ojos
diciéndome -mala mala sangra sangra
Y por mis pies corre la sangre
Un río de sangre por mis pies
La tuya y tu cuerpo jesús mío
Que me miras desde la pared
Con tu sagrado corazón lleno de esperanza
Y tus ojos de perrito famélico brillando con fuerza
En las alturas
Te gustan las niñas de tutú rosa y zapatillas rojas?
Eres un guarrete como ese nabokov
O en verdad eres tan puro como rezan tus ojos líricos?
Me importa un bledo cualquiera de las posibilidades
Porque eres muy hermoso y llevo años y años
Mirándote
Y este dedo que ves paseará entre las gasas
Y llegará al centro mismo mientras veo temblar tus ojos
Y a tu sagrado corazón estallar de erecto sobre ellas
Córrete jesús mío
Sobre mi tutú rosa la sangre espesa de tu corazón malherido
Nada puede importarme danzar ya toda la noche
Y el día
Y los días venideros
Que sangren mis pies después de derramarte
Que se me castigue una y otra vez con la danza que no cesa
Que te amo y esta clase de amor no tiene nombre
Córrete jesús mío
Sobre mi tutú rosa y lo niña que soy
Te abro mi corazón y te lo doy
Tómalo tuyo es que de mi madre no”.
‘Circus girl’, de Maite Dono.
“Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
en la nada que flota antes de la palabra
y que es distinta a la nada que el poema canta
y también a esa nada en que expira el poema:
tres son pues las formas de la nada
parecidas a cerdos bailando en torno del poema
junto a la casa que el viento ha derrumbado
y ay del que dijo una es la nada
frente a la casa que el viento ha derrumbado:
porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
ese amanecer que recuerda a la nada;
triple es la nada y triple es el poema
imaginación escrita y lectura
y páginas que caen alabando a la nada
la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
peces shakespearianos que boquean en la playa
esperando allí entre las ruinas del mundo
al señor con yelmo y con espada
al señor sin fruto de la nada.
Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
y ésta es la cuádruple forma de la nada”.
‘La cuádruple forma de la nada’, de Leopoldo María Panero.
“Me gustaría observarte mientras duermes,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría observarte,
durmiendo. Me gustaría dormir
contigo, penetrar en tu sueño
mientras su suave ola oscura
se desliza sobre mi frente
y caminar contigo a través de ese lúcido
bosque que se mece, de hojas verde mar,
con su sol acuoso y sus tres lunas,
hacia la cueva a la que debes descender,
hacia tu peor miedo.
Me gustaría darte la rama
plateada, la florecilla blanca, la única
palabra que te protegerá
del dolor de las entrañas
de tu sueño, del dolor
de las entrañas. Desearía seguirte
cuando subes por la larga escalera
otra vez, y tornarme
en el barco que te devolverá
con cuidado, como una llama
protegida en dos manos ahuecadas,
al lugar donde yace tu cuerpo
junto al mío, y tú lo penetras
tan natural como una inspiración.
Me gustaría ser el aire
que vive en ti, sólo
por un momento. Me gustaría ser tan invisible
y tan necesaria”.
‘Variaciones sobre la palabra Sueño’, de Margaret Atwood.
“Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.
Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.
El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy -silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.
Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio”.
‘Elegido por aclamación’, de Ángel González.
“Sí, ya sé que mola más el escepticismo. Sé que el distanciamiento irónico es más acorde con mi edad, que la disciplina un pelín cínica de la crítica ácida va mejor con mi profesión, y hasta que la languidez del desencanto, tan femenina, me favorecería más en los planos cortos. Lo sé, pero el domingo yo voy a ir a votar. Por encima de mi escepticismo, más allá de mi evidente afición a la ironía, con mi conciencia crítica a cuestas y a despecho de la fotogenia, voy a ir a votar. Con mis propias decepciones y con mis ilusiones maltrechas, con mis principios más firmes y con mis hijos mayores, voy a votar.
Votaré a favor de mucha gente que no lo hará. Porque no tiene derecho a hacerlo o porque se le ha olvidado que lo tiene. Votaré para que los niños de 12 años no sean tratados como delincuentes, para que los inmigrantes que sostienen nuestra riqueza sin participar de ella no sean tratados como delincuentes, para que los excluidos sociales y las mujeres que abortan no sean tratados como delincuentes. Votaré en contra de mucha gente que votará.
Votaré contra los privatizadores de servicios públicos, contra la humillación de los reclinatorios, contra las juntas de escolarización que favorecen a los colegios concertados, contra los explotadores de inmigrantes. Votaré, en definitiva, contra la gente de orden, ese orden detestable, delincuente, que se afirma en la insolidaridad, en la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y en la perpetuación de los privilegios de unos pocos.
Votaré a la izquierda, con la izquierda, por la izquierda, pensando en mis convicciones laicas, progresistas y republicanas, no en mis impuestos. Todavía hay unas pocas cosas que no pueden comprarse con dinero.
Y bien, a pesar de todo, sé que mola más el escepticismo. Pero yo miro a mi alrededor y, sinceramente, creo que no me lo puedo permitir. Tú sí?”
Almudena Grandes, antes de las elecciones de 2008.